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Japón

Beppu

Beppu
En la isla de Kyushu, frente a una bahía serena y a los pies de montañas volcánicas, Beppu parece una ciudad normal hasta que levantas la vista y ves columnas de vapor brotando entre los tejados. Es la capital termal de Japón, con más de 2.000 fuentes de agua caliente, y el vapor sale de las alcantarillas, de los patios traseros y de las colinas. Hoy se organiza en ocho distritos termales históricos, conocidos como los Beppu Hatto, y es reconocida en todo el mundo por sus "infiernos" (jigoku): estanques de aguas tan calientes y coloridas que se visitan solo para admirarlos, mientras que para bañarse hay cientos de opciones, desde onsen de barrio a cuarenta yenes hasta resorts con vistas a la bahía.

Cuándo ir

Las mejores ventanas son la primavera y el otoño. De fines de marzo a mediados de abril los cerezos florecen y las temperaturas son suaves, y de fines de octubre a mediados de noviembre el follaje otoñal pinta las laderas de Tsurumi. El invierno, de diciembre a febrero, es el mejor momento para quien busca la experiencia más atmosférica: aire frío, agua humeante y menos turistas. El verano es más caluroso, pero compensa con el baño de arena en la playa y los fuegos artificiales sobre la bahía.

En el calendario destacan el Festival Hatto Onsen (Beppu Hatto Onsen Matsuri), la gran fiesta de las aguas termales que suele celebrarse a comienzos de abril, con desfiles, rituales de purificación, el fuego de la montaña Ogiyama y la divertida procesión Yu-bukkake, en la que se rocía agua termal a los participantes. 

Clima

Beppu tiene un clima subtropical húmedo con estaciones bien marcadas. En primavera las temperaturas van de unos 10 a 22 °C, con abril como uno de los meses más agradables, de máximas de entre 16 y 21 °C y mínimas de entre 10 y 13 °C. Las lluvias se concentran a comienzos del verano, en la temporada de lluvias, y el verano en sí es caluroso y húmedo, con las máximas más altas de julio y agosto; los tifones pueden cruzar la región a fines de esa estación. El otoño es fresco y estable, y el invierno es frío pero soportable, ideal para entrar a un baño caliente. Un detalle práctico: los distritos de montaña, como Kannawa, Myoban y Shibaseki, suelen estar entre dos y cuatro grados más fríos que el centro costero, así que conviene llevar una capa extra.

Gastronomía

El gran protagonista es el jigoku-mushi, que significa "cocción al vapor del infierno". Los cocineros de Beppu aprovechan los chorros de vapor geotérmico para cocinar sin aceite verduras, huevos, mariscos y hasta budines. En el restaurante Jigoku-Mushi Kobo Kannawa, el más emblemático, uno elige una canasta con langostinos, ostras, calabaza y maíz, y el personal la baja a un pozo de vapor para que se cocine en minutos. El resultado es un sabor limpio y concentrado. Otro clásico es el huevo de las aguas termales, de cáscara negra, que se vende en los alrededores de los infiernos, y el flan al vapor (jigoku-mushi purin), cuyo creador más conocido es Okamotoya, en Myoban, desde 1988.

La cocina de la prefectura de Oita aporta más tesoros. El toriten es pollo frito a la manera de tempura, con una masa ligera de harina de trigo que se moja en salsa ponzu, y a veces se sirve sobre fideos soba. La sopa dango-jiru, con fideos planos de trigo amasados a mano y verduras en un caldo de miso, es el consuelo perfecto del invierno. El ryukyu es pescado crudo, como caballa o dorada, marinado en soja, sake, mirin, sésamo y jengibre. Entre los productos locales destacan la caballa y el jurel de Seki, el fugu, la carne de res Bungo y el cítrico kabosu. Los fideos fríos de Beppu (reimen) son otra rareza que vale la pena probar. Además del Kobo Kannawa y Okamotoya, el onsen Hyotan ofrece un almuerzo de jigoku-mushi dentro de su propio complejo.

Qué ver

El imprescindible es el Jigoku Meguri, el recorrido por los infiernos de Beppu, ubicados en los distritos de Kannawa y Kamegawa. No se trata de aguas para bañarse, ya que algunas alcanzan los 100 °C, sino de espectáculos naturales. 

El Umi Jigoku (Infierno del Mar) es un estanque de un azul cobalto intenso que humea sin descanso. El Chinoike Jigoku (Estanque de Sangre) tiñe sus aguas de un rojo anaranjado. El Oniishibozu Jigoku burbujea con barro gris que recuerda a cabezas rapadas de monjes. El Tatsumaki Jigoku es un géiser que estalla a intervalos regulares, el Shiraike Jigoku es un estanque blanco lechoso con un pequeño acuario, el Kamado Jigoku ofrece vapores de colores y cocina tradicional, y el Oniyama Jigoku se hizo célebre por su colonia de cocodrilos. Un boleto combinado, de unos 2.400 yenes, permite entrar a todos, y conviene dedicarles medio día o más.

Para bañarse de verdad, el Takegawara Onsen, de 1879, es el alma de la ciudad. Es un edificio de madera con tejados tradicionales donde se puede combinar un baño caliente con el famoso baño de arena: un empleado te entierra hasta el cuello en arena volcánica tibia durante 10 o 15 minutos, una experiencia que se considera equivalente a horas en un onsen. El baño cuesta unos 1.500 yenes. 

También destaca el Hyotan Onsen, uno de los más premiados, con baños interiores y al aire libre, cascada, baño de arena y baños privados. Un paseo por la galería comercial Takegawara, de aire retro, completa la visita al centro.

Con tiempo, hay que subir en teleférico al monte Tsurumi (unos 1.800 yenes, ida y vuelta). Conviene ir temprano, porque las nubes suelen cubrir la cima hacia las 11:00, y desde arriba se ven la ciudad humeante y la bahía. Para otro tipo de encuentro, el Parque de los Monos de Takasakiyama (unos 520 yenes) permite ver a cientos de macacos en libertad. Los amantes del descanso pueden darse un baño con vistas panorámicas en el Suginoi Hotel, y quienes quieran más aire libre pueden hacer una excursión de un día a Yufuin, el pueblo termal vecino, al pie del monte Yufu.

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