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Experiencia Expan: México patrimonial y los tesoros escondidos del Pacífico

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México tiene una ruta que pocos viajeros conocen y que, quienes la hacen, no olvidan. No es la ruta de Cancún ni la de los resorts del Caribe. Es la ruta que combina el México patrimonial y un rincón del Pacífico donde el surf, la gastronomía y la vida al aire libre conviven. Una ruta que, una vez hecha, se convierte en referencia.

Alfonso Hartard, Socio y Gerente General de Expan Tours, emprendió un viaje que mezcló historia, diseño, cocina y playa en una secuencia casi perfecta. Su ruta: Ciudad de México, San Miguel de Allende, Querétaro, Puerto Vallarta y, como broche de oro, Sayulita. Un viaje que cuenta en una nueva edición de Experiencia Expan.

Ciudad de México: El punto de partida ideal del México patrimonial

Antes de llegar al México patrimonial y las playas del Pacífico, el viaje comienza en la capital. Ciudad de México es uno de esos destinos que intimidan desde afuera pero enamoran desde adentro. Una metrópolis que, contra todo pronóstico, se recorre con una comodidad y una riqueza cultural difícil de igualar.

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Ciudad de México.

La clave está en elegir bien la base. Un hotel bien ubicado sobre la Avenida Reforma lo conecta todo: desde ahí se accede a pie o en metro a barrios tan distintos como Condesa, Roma, Polanco y el Centro Histórico, cada uno con su propio carácter y su propia propuesta gastronómica.

El ritmo, en una ciudad de esta escala, es todo. Viajar con familia implica aprender a soltar el control, detenerse cuando los niños lo piden, sentarse en un bar a jugar cartas y tomar algo mientras el tiempo pasa sin culpa.

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Catedral Metropolitana.

«En la medida que consideras los tiempos de cada uno para hacerlo agradable, se logra algo que es fantástico. Hay que conocer varios barrios, museos… Ciudad de México te da para mucho«. Esa filosofía, aplicada desde el primer día, es lo que convierte un viaje intenso en una experiencia memorable.

Dónde comer y qué hacer en Ciudad de México

¿Qué no puede quedarse fuera además de los esenciales de la capital mexicana? Después de recorrerla con familia y a ritmo propio, hay una selección de experiencias que no deberían faltar en ningún itinerario.

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Lucha libre.

«La lucha libre brinda una de las noches más entretenidas que puede ofrecer Ciudad de México. No hace falta ser fanático de este deporte: el espectáculo es total desde el primer minuto con el público, los luchadores enmascarados, el ruido y la energía que generan«.

Xochimilco es otra parada obligatoria. Recorrer sus canales en trajineras, las coloridas barcazas de madera decoradas con flores y nombres pintados a mano, es una experiencia especial.

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Paseo en trajineras.

«Para los amantes del arte y la historia, el Museo Casa de Frida Kahlo es uno de los más emotivos: una inmersión en la vida y el universo visual de una de las artistas más importantes del siglo XX. El barrio de Coyoacán que lo rodea, con sus cafés y su ambiente bohemio, merece por sí solo una tarde«.

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Museo Casa de Frida Kahlo.

El Castillo de Chapultepec, erguido sobre un cerro en medio del parque urbano más grande de la ciudad, ofrece una de las vistas más impresionantes de la capital y una colección histórica que recorre desde el Imperio Azteca hasta el México moderno. Y en las faldas del mismo parque se encuentra el Museo Nacional de Antropología, uno de los mejores museos del mundo en su categoría.

«Hay dos paradas gastronómicas que no pueden faltar: Tacos Atarantados, una taquería que representa a la perfección lo que debe ser un taco en México: sencillo y generoso a la vez, con ingredientes frescos y una salsa que lo cambia todo; y la Panadería Rosetta, una institución del pan artesanal y la pastelería de autor de primer nivel«.

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Voladores de Papantla, afuera del Museo Nacional de Antropología.

La joya del Bajío: San Miguel de Allende

Dentro de las ciudades más recomendadas de América, San Miguel de Allende se posiciona hoy como un destino ineludible. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esta ciudad colonial ha sabido construir una identidad visual y cultural que pocas ciudades en el mundo logran sostener con tanta coherencia.

«No es solo que sea bonita — es que es bonita de una manera propia, inconfundible, que no se parece a ningún otro lugar. Tú miras para cualquier parte y te vas a encontrar con un lugar al que vas a querer entrar. Cada cosa tiene su propia identidad, pero San Miguel de Allende tiene la suya y es muy, muy interesante«.

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San Miguel de Allende.

Sus calles angostas y adoquinadas, sus fachadas de tonos terracota cubiertas de flores, sus tiendas con mensajes pintados en las paredes generan un ambiente donde la fotografía es inevitable. Lo que queda es una sensación profunda de estar en un lugar que fue pensado, cuidado y querido por quienes lo habitan.

Lo que hace singular a San Miguel no es solo su belleza arquitectónica, sino la manera en que lo colonial convive con la sofisticación contemporánea. Muchos mexicanos han migrado desde la capital para abrir hoteles boutique y restaurantes de alto nivel.

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San Miguel de Allende.

«También hay una presencia importante de turistas canadienses y estadounidenses, lo que ha empujado la oferta gastronómica y de servicios hacia estándares muy altos. El resultado es una mezcla que pocos destinos logran: profundidad cultural con excelencia en la experiencia«.

Además, la ciudad tiene una agenda cultural viva durante todo el año, con eventos emblemáticos que atraen visitantes de todo el continente.

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Arte y cultura en San Miguel.

Los imperdibles de San Miguel

La Calle Aldama es el paseo más hermoso de la ciudad. Una calle estrecha, de edificios rojos y flores desbordadas, que remata en una de las postales más icónicas de México: la silueta neogótica de la Parroquia de San Miguel Arcángel: «Es como ir a Barcelona y visitar la Sagrada Familia, pero a escala de pueblo colonial» .

El recorrido termina en el Parque Benito Juárez, un pulmón verde que invita a detenerse y contemplar. Es uno de esos paseos que conviene hacer más de una vez: de mañana, con la luz suave; y al atardecer, cuando los colores se intensifican.

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Parroquia de San Miguel Arcángel.

Visitar la Parroquia de San Miguel Arcángel es, sin duda, el hito arquitectónico del viaje por el México patrimonial: «Su fachada de estilo neogótico rosada es uno de los monumentos más fotografiados de México, y verla en persona tiene un impacto que ninguna imagen logra transmitir del todo«.

El Mercado de Artesanías es otra experiencia que no puede perderse. No es un mercado convencional: es una calle de medio kilómetro repleta de puestos donde la artesanía mexicana se despliega en toda su riqueza.

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Artesanías en San Miguel de Allende.

La plata de Taxco, en particular, tiene una presencia especial. Es uno de los souvenirs más representativos del país y uno de los más tentadores: «Me llevé mi pulsera de plata de Taxco«.

Pero si hay un lugar que sorprende por encima de todo, es La Fábrica La Aurora: una antigua planta textil del siglo XIX convertida en el polo de diseño y arte contemporáneo más importante de México. Galerías, estudios de artistas, tiendas de diseño y espacios de exhibición conviven en un edificio industrial restaurado con elegancia.

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La Aurora.

«Quedas bien sorprendido. Hay una propuesta artística y de diseño que no la había visto en otro lado«.

Para equilibrar el ritmo activo de la ciudad, las Grutas de Aguas Termales ofrecen una experiencia completamente distinta: una caverna natural con termas interiores, bien montada y de buen estándar. Un complemento perfecto para alternar entre la exploración urbana y el descanso corporal.

La ruta que pocos conocen: de Querétaro al Pacífico

Una de las decisiones más inteligentes del viaje fue la logística. En lugar de volver a Ciudad de México para tomar un vuelo hacia la costa — lo que hubiera implicado retroceder más de 250 km — Querétaro ofrece una alternativa mucho más eficiente.

Ubicado a unos 100 km al sur de San Miguel de Allende, tiene un aeropuerto internacional que conecta directamente con Puerto Vallarta a través de aerolíneas de bajo costo.

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Templo San Sebastián de Bernal, Querétaro.

«Llegar a Querétaro fue una gran idea. Arrendé un auto en Ciudad de México con drop-off en Querétaro y estuvo muy bien pensar la logística del viaje«.

Esa decisión no solo ahorra tiempo y dinero — también permite conocer de paso una ciudad que tiene méritos propios: «Querétaro es otra ciudad colonial declarada Patrimonio de la Humanidad, con un centro histórico impecable y una gastronomía que ha ganado protagonismo en los últimos años«.

Puerto Vallarta: colonial frente al mar de México

Antes de llegar a Sayulita, Puerto Vallarta merece una parada. Es una ciudad que logra algo infrecuente: mantener su carácter colonial — con callecitas adoquinadas, arquitectura que trepa por los cerros y un malecón animado — en convivencia con toda la infraestructura de un destino turístico consolidado.

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Puerto Vallarta.

«Tiene mucho de colonial también. Su arquitectura se monta en cerritos, con callecitas adoquinadas. Tiene una vibe bohemia que es bien encendida«.

No es necesario quedarse muchos días, pero sí vale la pena caminar el malecón al atardecer, explorar el centro histórico y entender por qué esta ciudad sigue siendo uno de los destinos más queridos del Pacífico mexicano.

Sayulita: el secreto del Pacífico mexicano

A 40 minutos de Puerto Vallarta se encuentra Sayulita, un pueblo que funciona como una revelación para quien lo visita por primera vez. Este pequeño enclave costero es considerado una de las capitales del surf en México y tiene una energía vibrante que lo distingue completamente de los resorts masivos.

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Sayulita.

«Llegás a un pueblo mágico. Las playas son muy lindas. Quizás no tienen las aguas turquesas del Caribe, pero poseen una belleza del Pacífico que resulta familiar y poderosa. Olas que invitan al surf, horizontes abiertos«.

El pueblo se recorre en carritos de golf que se arriendan por días, lo que le da un carácter desenfadado y perfectamente adaptado al ritmo vacacional. No hay necesidad de auto. Se va de restaurante en restaurante, de playa en playa, con una libertad que pocas ciudades permiten: «Ideal para pasarlo bien, para ir con niños, para hacer actividades y un turismo activo«.

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Playa en Sayulita.

La vida nocturna existe — bares abiertos, gente tomando sus tragos, música en las terrazas — pero sin excesos. Es un destino que sabe celebrar sin descontrolarse, lo que lo hace especialmente apto para familias con niños o para quienes buscan diversión sin renunciar al descanso.

San Pancho: Para quienes buscan calma

A pocos kilómetros al norte de Sayulita se encuentra San Pancho, la versión más íntima y tranquila del mismo espíritu costero. Más pequeño, más silencioso, más enfocado en el descanso. Su orientación particular permite ver el atardecer sobre el Pacífico de una manera privilegiada.

San Pancho.

«San Pancho tiene una playa preciosa. Si vas en pareja y quieres algo más relax, es una muy buena alternativa. Puedes ir a pasear a Sayulita, que tiene más restaurantes, y regresar a descansar«.

La combinación de ambos pueblos — pasar el día en Sayulita y descansar en San Pancho, o viceversa — es una de las fórmulas más inteligentes para aprovechar esta zona de la costa del Pacífico.

Del México patrimonial a las playas: Consejos y recomendaciones

El secreto de este itinerario está en la variedad de experiencias y alojamientos: «Mezclar tipos de hospedaje es una forma de multiplicar la experiencia y adaptarse al espíritu de cada destino«.

«Logré una combinación muy complementaria de experiencias, destinos, hoteles y tipo de alojamiento. Además, tener tu propio auto te da una libertad que cambia todo«.

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Hard Rock Hotel Vallarta.

En Nueva Vallarta, al norte de Puerto Vallarta, dos o tres noches de all inclusive en un resort como el Hard Rock para cerrar el viaje con todas las comodidades, antes de volver a casa, es ideal.

Durante todo el recorrido, la seguridad fue total. Sin embargo, hay precauciones básicas que conviene incorporar como hábito: «Evitar conducir de noche, usar Waze en carretera y mantenerse informado sobre el contexto de cada zona antes de viajar«.

«Las carreteras entre Ciudad de México, San Miguel de Allende y Querétaro están en buen estado y el tráfico es manejable con planificación«.

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Gastronomía en México.

Respecto a los precios, han ido al alza en los últimos años en San Miguel de Allende como Puerto Vallarta y Sayulita: «No son destinos baratos, pero la calidad de la experiencia, la gastronomía, el alojamiento y los servicios están a la altura de lo que se paga«.

Es recomendable pasar al menos tres noches en San Miguel de Allende, aunque bien podrían ser más. Las opciones en los alrededores son amplias: parques botánicos de 30 hectáreas, viñedos, cabalgatas en cañones y múltiples alternativas de ecoturismo que permiten conocer su entorno natural.

Consejo práctico: si viajas en aerolíneas de bajo costo mexicanas como Volaris o Viva Aerobus, haz el check-in en línea con la mayor anticipación posible.

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San Miguel de Allende.

El veredicto del viaje en México

«Fue un viaje realmente hermoso. Un destino cosmopolita como Ciudad de México, combinado con la joya colonial de San Miguel de Allende y el espíritu libre de Sayulita, forma un itinerario que funciona para familias, parejas y viajeros en búsqueda de profundidad y autenticidad.

Es un viaje que se puede hacer en dos semanas con comodidad, que combina cultura, gastronomía, naturaleza y playa sin que ninguna parte se sienta forzada o de relleno. No es el México de los resorts todo incluido. Es un México más auténtico«.

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